Una madre excava entre las ruinas en busca de su hijo tras los terremotos en Venezuela
Amparo del Giudice escarba con sus propias manos una montaña de escombros en busca de su hijo, una de las víctimas de los terremotos más devastadores en Venezuela desde 1900.
La suya es una de las tantas tragedias que dejaron dos sismos de 7,2 y 7,5 grados de magnitud que se sucedieron el miércoles en menos de un minuto en el norte de Venezuela. El balance oficial es de al menos 589 muertos, aunque se teme que el saldo final alcance los miles.
Desesperada tras el paso del tiempo sin la llegada de rescatistas, Giudice escarbaba con sus manos mientras lloraba y gritaba desconsolada en un barrio de La Guaira, la zona más castigada por los terremotos.
"Son muchas rocas y con las manos no se puede", exclama impotente sentada a unos metros del lugar donde cree que se encuentra su hijo. "No hay ni agua", dice al quejarse de la falta de ayuda del gobierno.
Alessandro del Giudice, de 23 años, volvió a usar su casco de bomberos voluntario para ayudar a su abuela Amparo a encontrar una señal de vida de su padre. "Él está ahí", solloza.
La Guaira, de unos 25.000 habitantes y situada a 40 kilómetros de Caracas, es la sede del aeropuerto internacional de Maiquetía y el balneario favorito de los caraqueños.
La mayoría de los altos edificios con piscina quedaron dañados en Los Corales, un barrio de clase media donde Giudice no encuentra sosiego.
- "Familia Pérez, vivos" -
La presidenta Delcy Rodríguez, que asumió el poder de forma interina tras la captura de Nicolás Maduro en enero por parte de Estados Unidos, visitó el jueves esta región que declaró "zona de desastre" y donde la AFP constató saqueos.
El ministro de Salud, Carlos Alvarado, ofreció el jueves en la noche un balance de al menos 235 fallecidos y 4.300 heridos. Estimaciones no oficiales dan cuenta de decenas de miles de desaparecidos, aunque la cifra oficial los sitúa en poco más de un centenar.
Nubes de polvo flotan aún entre lujosos edificios con vistas al mar Caribe que quedaron reducidos a montañas de escombros y dolor.
Buena parte de las edificaciones ubicadas a lo largo de la costa quedaron inhabitables y otras desaparecieron. La carretera principal que bordea La Guaira se fracturó en varios puntos.
Dos hoteles cinco estrellas se suman a las estructuras colapsadas.
"Familia Pérez, vivos", se lee al costado de una casa que parece haber sido arrancada de la tierra.
Hay estructuras destruidas y rostros tristes desde cualquier lugar desde donde se mire.
Las réplicas se han mantenido y algunos edificios seriamente afectados crujen con cada una.
H.Zajac--GL