La prensa británica, señalada con el dedo tras la muerte del profesor negro de Cambridge
El caso de las acusaciones de plagio y de mentiras contra Jason Arday, un profesor negro de Cambridge, ha abierto un debate sobre el papel de la prensa y si la presión ejercida sobre el docente pudo contribuir a un eventual suicidio.
Las miles de personas que el lunes por la noche rindieron homenaje en Londres a Jason Arday, fallecido el viernes, no ocultaban su indignación con los medios de comunicación, a los que muchos se negaban a hablar.
Las pancartas desplegadas entre la multitud resumían bien los reproches: "249 artículos en 22 días", en alusión al número estimado de publicaciones aparecidas desde julio sobre las acusaciones de plagio o las afirmaciones fantasiosas que el docente sostuvo sobre su trayectoria.
Para estas personas, los periódicos británicos son, junto con el racismo, los principales responsables de la muerte de Jason Arday, cuyo cuerpo fue encontrado en su domicilio el 14 de agosto, nueve días después de su dimisión como profesor de la Universidad de Cambridge.
La hipótesis del suicidio parece no suscitar dudas, aunque ni la familia ni la policía lo han confirmado.
La periodista Sarah Ditum, autora de numerosos artículos sobre el caso para el diario conservador The Times, se preguntó si se había "equivocado al escribir tanto sobre Jason Arday", antes de concluir que no.
- Calma informativa -
Ditum reconoció que la historia —en la que se mezclaban acusaciones de racismo y críticas a las políticas de diversidad, en el centro de las actuales guerras culturales— había cobrado fuerza gracias a la calma informativa del verano europeo.
La periodista señaló que Arday era una "estrella" que "había elegido estar bajo los focos".
Ditum añadió que Arday, al mitificar "él mismo" su trayectoria, que incluía el increíble ascenso de un niño autista hasta lo más alto de la jerarquía universitaria, había "perjudicado" a sus colegas, a la institución y a otras personas con esa condición neurológica.
Arday había afirmado que no hablaba hasta casi cumplir los doce años y que había corrido 30 maratones en 35 días.
"Ahora es más fácil defenderlo porque puede ser presentado como un mártir sometido a la crueldad de la prensa conservadora. Pero cuando estaba vivo, era una vergüenza", afirmó Ditum.
Desde la izquierda, The Guardian, que también investigó a Jason Arday, aseguró que simplemente había "tratado de establecer la verdad".
"Los periodistas que hicieron su trabajo de manera responsable no deberían verse sometidos a un torrente de insultos", se defendió el diario en una columna.
En un comunicado, el organismo británico de regulación de los medios tradicionales, IPSO, indicó que había recibido y estaba examinando "un gran volumen de denuncias y preocupaciones" relacionadas con la cobertura del caso.
El caso ha vuelto a poner el foco en los métodos de una parte de la prensa británica, especialmente de los tabloides, que en ocasiones se adentran muy profundamente en la vida privada de las personas.
The Daily Mail consideró que los medios tradicionales habían realizado un "trabajo de investigación legítimo", pero sostuvo que las redes sociales habían hecho que la historia "se descontrolara" atrayendo a personas "racistas".
- Fragilidad psicológica -
Para Mark Stephens, abogado especializado en medios de comunicación, aunque al principio era "perfectamente legítimo" investigar a Jason Arday, los medios deberían haber detenido su cobertura tras su dimisión de Cambridge, el 5 de agosto.
"El problema es que fueron advertidos de que tenía pensamientos suicidas y no detuvieron ni redujeron la cobertura. Incluso la intensificaron", declaró Stephens a la AFP.
Varias fuentes señalaron que personas cercanas a Arday habían advertido discretamente a los medios sobre su fragilidad psicológica.
"Después de su dimisión, ¿dónde estaba el interés público en seguir culpándolo? ¿No habría sido más apropiado examinar cómo Cambridge lo había seleccionado en un principio?", planteó el abogado.
Más de 111.000 personas, entre ellas cuatro diputados, habían firmado el miércoles una petición de la organización Good Law Project que reclamaba "una investigación pública inmediata para garantizar una prensa responsable".
J.Michalak--GL