En la Amazonía brasileña, el petróleo alimenta sueños y temores
El cacique indígena Wagner Karipuna contempla preocupado el río que atraviesa su aldea en la selva amazónica en el extremo norte de Brasil: teme una "desgracia inmensa" en caso de una marea negra de petróleo.
Su aldea Mangá está a unos 20 kilómetros del centro de Oiapoque, una ciudad fronteriza con la Guayana Francesa que vive un momento de efervescencia desde que, hace un año, el gigante Petrobras inició allí su exploración offshore.
El revuelo aumentó después de que la petrolera estatal brasileña anunciara en agosto haber identificado la presencia de hidrocarburos en su primer pozo, a 175 km de la costa. No muy lejos de allí, Guyana y Surinam explotan desde hace años vastas reservas.
El presidente de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva, que busca la reelección en octubre, se trasladó de inmediato al lugar, y celebró ese petróleo como un "pasaporte hacia el futuro".
Para llegar a Oiapoque hay que recorrer unos 600 km desde Macapá, capital del estado de Amapá, parte de ellos por una pista de tierra roja con puentes de madera.
Muchas calles carecen de aceras y están bordeadas de edificios bajos de fachadas a menudo deterioradas.
- "Decepcionado" de Lula -
Aunque muchos habitantes de Oiapoque se muestran entusiastas al pensar que vendrán beneficios económicos, Wagner Karipuna se ve preocupado.
"Si llega a haber un derrame, con seguridad eso nos va a afectar. El agua no tiene frontera", afirma el cacique de 57 años.
Se imagina la pesadilla: manchas de petróleo arrastradas por la marea hasta el río Curipi, que baña su aldea de 1.800 habitantes.
Petrobras señala que sus análisis "no indican la probabilidad" de que el petróleo "llegue al litoral en caso de derrame".
"No existe una exploración offshore con riesgo cero", dice sin embargo a la AFP Jean Paul Prates, quien presidió la empresa entre 2023 y 2024.
"Es un riesgo de baja probabilidad, pero de consecuencias potencialmente altas", sostiene.
Wagner Karipuna se dice "decepcionado" de Lula, que se presenta como defensor del medioambiente y de los pueblos originarios.
Para el actual mandatario, el dinero del petróleo permitirá financiar la transición energética.
El cacique dice que "se siente ya el impacto", en referencia al "ruido de helicópteros y de aviones todos los días", que ahuyenta a la fauna.
Sus preocupaciones son compartidas por Joelso Mendonça, vicepresidente de un grupo de cerca de 400 pescadores tradicionales de la región.
"Si hay un derrame, nadie va a querer comprar un pescado de un área afectada por petróleo", teme este hombre de 50 años, que repara su red en una choza sobre pilotes a orillas del río.
Consultada por la AFP, Petrobras afirma haber "mantenido un diálogo continuo" con la sociedad civil y las comunidades indígenas.
En cuanto al tráfico aéreo, la compañía dice haber realizado "ajustes" tras reuniones con los líderes indígenas.
- "Empezar de cero" -
Si para algunos el petróleo parece una maldición, para Jacqueline Cadete es una "señal de Dios".
Esta pastora evangélica de 45 años se instaló desde fines de 2025 en uno de los nuevos barrios de Oiapoque.
Dice estar atraída por "las oportunidades" ligadas al petróleo, tras haber residido mucho tiempo fuera de Brasil, en la Guayana Francesa y en Francia.
Según un estudio del Observatorio Nacional de Industria, en Amapá podrían crearse más de 50.000 empleos.
Y las regalías que Petrobras deberá pagar a las administraciones locales representarán una suma considerable.
La presidenta de la compañía, Magda Chambriard, anunció sin embargo en agosto que la producción no debería comenzar antes de "seis o siete años".
Mientras tanto, el alcalde Inácio Monteiro Maciel se declara "muy optimista" respecto del futuro, aunque admite que deberá "prácticamente empezar todo de cero" en términos de infraestructura y políticas sociales.
Más de la mitad de los cerca de 28.000 habitantes contabilizados en el censo de 2022 reciben la Bolsa Familia, subsidio destinado a las familias más pobres.
Pero la ciudad ha registrado una afluencia de nuevos residentes en los últimos años, que se "intensificó" desde que Petrobras inició su perforación, cuenta el alcalde.
Según sus estimaciones, entre 40.000 y 45.000 personas viven ya en Oiapoque.
- ¿Nuevo Dubái? -
El alcalde evoca también la "especulación inmobiliaria" que obliga a numerosas familias a abandonar el centro de la ciudad para instalarse en los nuevos barrios periféricos.
En un barrio bautizado como Nova Conquista, Thais Pereira de Souza, de 32 años, vive en una minúscula casa de techo de chapa, sin agua ni electricidad, junto a su marido, sus dos hijos y su nuera embarazada.
Se amontonan en una habitación con dos colchones y dos hamacas, después de no poder "seguir pagando el alquiler" de su apartamento en el centro.
Ella espera que "la vida mejore" gracias al petróleo.
Lilma Campos, presidenta de la Asociación Comercial e Industrial de Oiapoque (ACOI), prevé un "cambio radical" pero prefiere mantener los pies sobre la tierra.
"Solo porque encontraron petróleo, circula la idea de que esto va a ser el nuevo Dubái. No sabemos si eso realmente va a ocurrir".
T.Chmielewski--GL